Moda transgénero entre chicas adolescentes de Estados Unidos

Iván Bravo Calvimontes

Muchas adolescentes se sienten incómodas con su sexo biológico y recurren a las hormonas y la cirugía. Para la periodista Abigail Shrier, se trata de un fenómeno preocupante y en crecimiento. En Estados Unidos, las mujeres representaban el 46% de todas las cirugías de reasignación de sexo en 2016. Al año siguiente eran el 70%.

Abigail Shrier, judía, madre de tres hijos y periodista del Wall Street Journal, es autora del libro “Un daño irreversible”, considerado uno de los libros del año por The Economist y The Times, pero que también ha suscitado una amplia polémica. No han faltado las acusaciones a la autora de tránsfoba e incitadora del odio.

En el libro entrevista a chicas transgénero, familiares, influencers trans, médicos y terapeutas expertos en la materia. Y subraya el papel que juega en muchos casos una moda social que se alienta desde los medios de comunicación, con una significativa presencia en el mundo digital y en un activismo LGTB que ha conquistado a una parte de la profesión médica.

Hace mención de la anorexia, un problema recurrente entre las jóvenes. Y ahí comprueba que a ningún terapeuta se le ocurría reforzar la percepción de las adolescentes y mucho menos someterlas a una cirugía para que “dejaran de verse gordas”: justo lo contrario de lo que se hace con la llamada terapia afirmativa de género, que es la que se aconseja hoy día.

Esa terapia lleva a reafirmar lo que muchas veces no es otra cosa que una incipiente disforia de género, a través de la administración de testosterona y facilitando las intervenciones necesarias, como la extirpación de los pechos. Y todo eso, bajo la mirada atónita de unos padres que piden, simplemente, un poco de paciencia para que sus hijas salgan del torbellino de la adolescencia, y a los que no pocas veces se acusa también de tránsfobos y se les amedrenta con que sus hijas se podrían suicidar si no empiezan rápidamente a hormonarse.

“Las púberes tienen ratios muy altas de ansiedad, de depresión, hay trastornos nuevos, como las autolesiones, el odio hacia sus cuerpos y su deseo de escapar de su forma femenina. Y ahí es donde irrumpe la moda trans”, afirma Abigail Shrier en una entrevista publicada por el diario La Vanguardia. Las niñas deciden cambiarse el nombre por uno masculino y en el colegio lo asumen sin consultar a los padres. Creen -añade Shrier- que si empiezan un tratamiento de testosterona y se convierten en chico todo se arreglará.

Hace una década, una de cada dos mil alumnas de entre 12 y 13 años se identificaba como transgénero; hoy es una de cada veinte, es decir se ha multiplicado por cien. La autora no tiene dudas al afirmar que “son niñas que nunca han experimentado incomodidad alguna con su sexo biológico hasta que descubren la comunidad de influencers y estrellas trans de You Tube. Luego, algún trans da una conferencia en las escuelas sobre su experiencia, y les cala la idea de que serán más populares si se declaran transexuales”. La conclusión es clara: “más que una necesidad psicológica, son el resultado de estímulos y sugerencias”.