Más de 5 millones de personas siguieron el pasado 14 de marzo a través del canal France 2 la información del tiempo que co-presentó Mélanie Ségard, una joven francesa de 21 años con síndrome de Down. El segmento alcanzó el 22% de la audiencia, lo que supone todo un record de la temporada. La chica consiguió así cumplir un deseo que manifestó a través de las redes sociales y que obtuvo en pocos días un gran respaldo popular.

La idea fue noticia aquí y allá hace algún tiempo, pero reconozco que solo la he visto ahora. Se trata de la iniciativa de algunas residencias de ancianos que establecen un pacto con un grupo selecto de estudiantes universitarios: tiene residencia gratis a cambio de que dediquen algo de atención a los ancianos. Es una de esas situaciones winwin que vale la pena mencionar.

Son frecuentes los artículos de prensa centrados en la batalla entre el Papa Francisco y sus adversarios. A veces, los titulares alcanzan tonos épicos: “Guerra civil en el Vaticano: los conservadores luchan contra Francisco por el alma del catolicismo”, afirma The Guardian. Sin negar la existencia de controversia, un veterano corresponsal en el Vaticano aconseja algunas medidas para evitar la toxicidad de algunas posturas y fuentes referidas al Papa Francisco.

La actual crisis de la prensa no consiste, fundamentalmente, en el fracaso del modelo económico basado en una publicidad que “no funciona” en el mundo on line. Muchos pensamos que la crisis de fondo es de sentido: ¿Para qué sirve? ¿Cuál es su función social? Si es un negocio sin más, como todos, ¿por qué razón hay que protegerla? Si el objetivo es vender, ¿por qué se dice que la prensa es tan necesaria para la democracia?

No pocos ven la expresión “derecho a la vida” como algo opuesto a una causa progresista o feminista. Es una noticia  por eso que, según una investigación histórica publicada por la Oxford University Press, se descubra que el movimiento pro life nació en Estados Unidos vinculado a los grupos progresistas demócratas. El no nacido estaba junto al pobre y el débil.