La victoria electoral de Lula en Brasil es presentada por El País como un freno al avance de la derecha en América Latina. Pero el titular utiliza una palabra que merece atención: «reaccionaria». ¿Es una descripción política o una valoración ideológica?

«Brasil contiene la ola reaccionaria». Así titula El País un artículo publicado el 27 de octubre de 2026 sobre las consecuencias internacionales de la victoria electoral de Luiz Inácio Lula da Silva. El subtítulo completa la interpretación: «La victoria del presidente da un respiro a la izquierda internacional».
El artículo explica que el triunfo de Lula representa un alivio para los «gobiernos progresistas» y un contrapeso al avance de la derecha en América Latina. También destaca su importancia para las relaciones internacionales, especialmente con Estados Unidos y China, y para otros dirigentes de izquierda, como el español Pedro Sánchez.
El enfoque es legítimo: una victoria electoral puede analizarse no solo por sus consecuencias nacionales, sino también por su significado internacional. La cuestión está en la palabra elegida para describir a los adversarios políticos de Lula, a quien el texto presenta como una figura «casi heroica» y describe su victoria como una «hazaña».
«Reaccionario» no es un sinónimo de «derechista» o «conservador». En su significado político, designa a quienes se oponen a determinados cambios sociales o políticos y aspiran a restaurar un orden anterior. Además, en el lenguaje público suele tener una connotación peyorativa.
El propio periódico utiliza un término diferente en el mapa que acompaña al artículo. Allí se habla del «avance de la derecha en la región» y se clasifican los países según su orientación política. Sin embargo, al pasar del mapa al titular, la «derecha» se convierte en una «ola reaccionaria».
El cambio no es insignificante. Mientras «derecha» identifica una orientación política amplia, «reaccionaria» atribuye a ese conjunto de fuerzas una característica ideológica más específica. El artículo no explica por qué esa denominación sería adecuada para todos los movimientos y gobiernos incluidos en la supuesta ola.
No se trata de exigir un lenguaje artificialmente neutro ni de evitar los términos que puedan resultar incómodos. Si un movimiento político propone restaurar instituciones o relaciones sociales del pasado, puede ser pertinente calificarlo de reaccionario. Pero conviene que esa caracterización esté fundamentada y no se utilice como equivalente general de una posición política.
El caso muestra cómo una elección lingüística puede orientar la lectura incluso antes de que el lector conozca los hechos. El titular no se limita a informar de que Lula ha frenado el avance electoral de la derecha: propone también una interpretación de la naturaleza de ese avance.
La cuestión periodística es si el lector puede distinguir con claridad entre la descripción de los hechos y la valoración que el autor hace de ellos.