ETA y la batalla por el relato del pasado

«ETA fue derrotada por las fuerzas de seguridad, los jueces, la sociedad civil… pero está ganando la batalla del relato con creces». La afirmación es de Javier Pagola, periodista que durante tres décadas cubrió el terrorismo en el País Vasco. Aparece en una entrevista de Mónica Arrizabalaga publicada por ABC el 26 de octubre de 2026, con motivo de la aparición de su novela Urumea.

Pagola distingue entre la derrota de una organización terrorista y la interpretación que una sociedad acaba aceptando sobre su pasado. ETA no consiguió sus objetivos políticos y abandonó definitivamente la violencia, pero, a juicio del periodista, su entorno está logrando presentar una versión de aquellos años que atenúa la responsabilidad de quienes participaron en el terrorismo.

El periodista denuncia que las heridas de las víctimas siguen abiertas y que algunas todavía se sienten intimidadas. También recuerda a quienes, sin participar directamente en la violencia, prefirieron mirar hacia otro lado. Con el paso del tiempo, algunos han comenzado a experimentar remordimientos por su silencio.

Para Pagola, libros como Patria, de Fernando Aramburu, películas y series pueden contribuir a evitar que se imponga una interpretación deformada de aquellos años. Reclama también que los historiadores continúen investigando, especialmente los numerosos asesinatos que todavía permanecen sin esclarecer.

La entrevista plantea una cuestión que va más allá del terrorismo: los hechos pertenecen al pasado, pero su interpretación sigue construyéndose en el presente. Y esa interpretación influye en la manera en que una sociedad comprende su historia, reconoce a las víctimas y atribuye responsabilidades.

Aquí aparece una responsabilidad fundamental del periodismo. Su tarea no consiste únicamente en informar sobre los acontecimientos mientras suceden. También debe contribuir a que, con el paso del tiempo, los hechos conocidos no sean sustituidos por versiones más cómodas, simplificadas o interesadas.

Esto no significa que deba imponer una interpretación oficial del pasado. La historia admite preguntas nuevas, perspectivas diferentes y revisiones fundamentadas. Pero la pluralidad de interpretaciones no convierte los hechos comprobados en materia de opinión. Una cosa es discutir las causas y las consecuencias de un acontecimiento; otra, negar lo sucedido o diluir las responsabilidades documentadas.

La «batalla del relato» plantea, por tanto, un desafío particular al periodismo: mantener la fidelidad a los hechos sin renunciar a comprender su complejidad. No basta con conservar las noticias en los archivos. Es necesario volver sobre ellas, investigar lo que todavía se desconoce, escuchar a quienes no fueron escuchados y corregir las interpretaciones que la evidencia desmiente.

Pagola ha elegido ahora la novela para recuperar historias que, según explica, quedaron ocultas detrás de la sucesión de atentados y noticias. Su experiencia recuerda que las consecuencias de un acontecimiento pueden seguir siendo noticia mucho después de que haya terminado.

Porque el pasado no puede cambiarse, pero sí puede cambiar la manera de contarlo. Y el periodismo tiene la responsabilidad de impedir que ese cambio se produzca a costa de la verdad.