Apple busca su lugar en la era de la inteligencia artificial

Mientras las grandes empresas tecnológicas compiten por desarrollar sistemas de inteligencia artificial cada vez más potentes, Apple parece seguir un camino diferente. Su apuesta consiste en integrar la IA en los dispositivos que millones de personas utilizan diariamente, aunque para ello tenga que recurrir a tecnologías desarrolladas por sus competidores.

Esta estrategia ocupa buena parte del reportaje que Andrew R. Chow dedica en Time (26 de octubre de 2026) a John Ternus, el nuevo consejero delegado de Apple, que sustituyó a Tim Cook el pasado septiembre. Ingeniero de formación, Ternus lleva 25 años en la compañía y ha participado en el desarrollo de productos como el iPhone, el iPad y los AirPods.

El relevo llega en un momento delicado. Apple se ha quedado atrás en la carrera por la inteligencia artificial generativa y ha tenido dificultades para desarrollar una versión avanzada de Siri. Finalmente, ha recurrido a la tecnología Gemini de Google para impulsar su nuevo asistente.

Para Ternus, esa dependencia no es necesariamente un problema. Apple nunca ha pretendido fabricar todos los componentes de sus productos, explica, sino concentrarse en aquellos que le permiten ofrecer algo diferente. No se trata de disponer del modelo de IA más potente, sino de conseguir que resulte verdaderamente útil.

La nueva Siri pretende aprovechar, con autorización del usuario, la información almacenada en sus dispositivos: mensajes, correos electrónicos, calendarios y documentos. Podrá, por ejemplo, ayudar a preparar una reunión, encontrar una reserva de avión o interpretar datos recogidos por el Apple Watch.

Esta integración plantea inevitablemente la cuestión de la privacidad. Cuanto más conozca un asistente sobre las actividades de una persona, más posibilidades tendrá de ayudarla, pero también será mayor la importancia de proteger esa información. Apple sostiene que su sistema permite procesar muchos datos directamente en el dispositivo y recurrir, cuando sea necesario, a servidores diseñados para preservar la confidencialidad.

Hay otra decisión que merece atención. Lilian Rincon, responsable de los productos de IA de Apple, explica que Siri ha sido diseñada deliberadamente para no convertirse en una compañía artificial ni sustituir las relaciones humanas. Frente a los sistemas que buscan mantener conversaciones cada vez más personales con sus usuarios, Apple afirma que quiere desarrollar una herramienta destinada principalmente a facilitar tareas concretas.

La estrategia de la empresa no está exenta de riesgos. Sus competidores avanzan rápidamente y todavía no está claro si una IA más limitada, aunque integrada en la vida cotidiana, será suficiente para mantener su posición en el mercado.

Pero las declaraciones de sus responsables ponen de relieve una cuestión que va más allá de Apple: las diferencias entre las empresas tecnológicas no se refieren únicamente a lo que sus sistemas son capaces de hacer, sino también a qué funciones consideran que deberían desempeñar en nuestra vida.