«¡Vosotros sois los santos de Francia!». La frase, improvisada por León XIV durante un encuentro con 80.000 jóvenes en el Stade de France el pasado 25 de septiembre, provocó una reacción entusiasta. Para muchos de los presentes, aquellas palabras expresaban una aspiración que hasta hace poco podía parecer anticuada: la santidad.
Jean-Marie Guénois, en un reportaje publicado en Le Figaro el 31 de octubre de 2026, examina el renovado interés por la vida espiritual entre algunos sectores de la juventud católica francesa. No se trata solamente de una mayor participación en celebraciones religiosas, sino también de una disposición más abierta a hablar públicamente de la fe.

François de Bastard, un abogado parisino de 26 años que participó en el encuentro con el Papa, explica que muchos jóvenes de su generación están redescubriendo la figura de los santos. Para él, no son personajes lejanos ni modelos de perfección inalcanzables, sino personas reales que, con sus limitaciones, intentaron vivir de acuerdo con sus convicciones.
Esta manera de entender la santidad tiene consecuencias prácticas. François habla de sobriedad, compromiso asociativo, ayuda a los más necesitados y decisiones personales coherentes con la fe. También observa una diferencia respecto a generaciones anteriores: los jóvenes católicos de su entorno sienten menos necesidad de disimular sus creencias.
Una percepción semejante expresa Sophie Fournier, profesora de 28 años y autora de un libro sobre la santidad entre los jóvenes. Recuerda que el ejemplo de Chiara Luce Badano, una italiana fallecida en 1990 a los 18 años, le ayudó a descubrir que la santidad podía vivirse en una existencia ordinaria. Resume ese camino en tres palabras: alegría, oración y servicio.
El reportaje recoge también las observaciones de sacerdotes y responsables de movimientos juveniles que constatan una mayor participación en peregrinaciones, actividades de formación y encuentros de oración. Un dato apunta en esa dirección: en Francia, 21.386 adolescentes y adultos jóvenes solicitaron el bautismo en 2026, según las cifras citadas por Le Figaro.
Los testimonios recogidos proceden principalmente de jóvenes practicantes y responsables eclesiales. Permiten identificar una tendencia dentro de esos grupos, pero no demostrar que la secularización esté retrocediendo de manera generalizada.
Lo que sí parece estar cambiando es la forma de expresar la identidad religiosa. Algunos jóvenes ya no consideran necesario mantener sus convicciones en un segundo plano ni sienten que hablar de santidad resulte extraño o embarazoso.
El padre Jean-Baptiste Bellet, capellán nacional de los Scouts unitarios de Francia, introduce un matiz significativo: no sabe si existe un renacimiento de la santidad, pero sí observa una búsqueda más intensa de Dios y del sentido de la propia vida.
La novedad no está en que los jóvenes católicos aspiren a la santidad, algo que siempre ha formado parte de la tradición cristiana, sino en que algunos vuelven a hablar de ella con naturalidad y a relacionarla con sus decisiones cotidianas.