La Santa Sede reconoce que su acuerdo con China tiene deficiencias importantes, pero considera que es preferible mantenerlo. Así lo ha explicado recientemente el arzobispo Paul Richard Gallagher, secretario vaticano para las Relaciones con los Estados. Esa constatación es el punto de partida de un análisis de Matteo Matzuzzi, publicado en Il Foglio el 31 de octubre de 2026, que examina las dificultades de las relaciones entre Pekín y el Vaticano.
El acuerdo, firmado en 2018 y renovado por última vez en 2024, regula el nombramiento de los obispos católicos en China. Sus términos siguen siendo secretos. Según Gallagher, ha permitido alcanzar un resultado importante: todos los obispos chinos están actualmente en comunión con el Papa, superando una división que durante décadas había marcado la vida de la Iglesia en el país.







