Cómo se viaja con el Papa: las pequeñas reglas de un vuelo especial

Antes de que el Papa suba a un avión, la tripulación ya sabe dónde se sentará, cómo debe dirigirse a él, qué comerá durante el vuelo y cuánto tiempo tendrá para hacerlo. Incluso hay instrucciones sobre la limpieza del baño que utilizará. Son algunos de los detalles que recoge Motoko Rich en un reportaje publicado en The New York Times el 3 de noviembre de 2026, dedicado a las particularidades de los viajes aéreos del pontífice.

A diferencia del presidente de Estados Unidos, el Papa no dispone de un avión propio. Para sus desplazamientos internacionales utiliza vuelos especiales operados por compañías comerciales. En los trayectos de salida desde Roma suele viajar con ITA Airways, en clase ejecutiva, ocupando habitualmente el primer asiento de la izquierda.

El avión utiliza un indicativo especial, AZ4000, que permite a los controladores aéreos identificarlo inmediatamente. Todo está organizado para que pueda dirigirse a la pista en cuanto el Papa suba a bordo. La puntualidad es una prioridad: según el reportaje, los vuelos papales de ITA han salido siempre a la hora prevista, algo que no puede decirse de todos los vuelos de la compañía.

Gennaro Anastasio, responsable de cabina que ha participado en numerosos viajes pontificios, explica que la tripulación recibe instrucciones específicas de protocolo. No debe dirigirse directamente al Papa, sino a través de sus colaboradores. También debe conocer los tratamientos correspondientes a los miembros de la comitiva: eminenza para los cardenales y eccellenza para los obispos.

Hay otras reglas menos solemnes. El baño utilizado por el pontífice debe revisarse varias veces durante el vuelo y mantenerse impecable. Se suprimen los anuncios habituales por megafonía y los vídeos de seguridad para facilitar el trabajo de los periodistas que viajan en la parte posterior del avión. Sus asientos llevan pequeños protectores de tela con el escudo pontificio.

La organización de las comidas exige también cierta precisión. En un vuelo especialmente corto, la tripulación calculó que dispondría de apenas diez minutos para servir el desayuno. La solución fue preparar una bandeja con un bocadillo de huevos revueltos y beicon, acompañado de otros alimentos fáciles de consumir rápidamente.

Los responsables procuran introducir pequeños detalles relacionados con los países de destino: cruasanes cuando el viaje se dirige a Francia o chocolates turcos en los vuelos hacia Turquía. También tienen en cuenta las preferencias personales de los pontífices. Cuando Anastasio descubrió que Francisco apreciaba determinadas galletas, comenzó a incluirlas en los vuelos. León XIV, en cambio, no ha formulado hasta ahora ninguna petición especial. «Es realmente sencillo», comenta el responsable de cabina.

Anastasio resume la filosofía del servicio con una frase: en estos vuelos nunca hay necesidad de decir que algo no es posible; se busca la manera de hacerlo.

Detrás de las imágenes del Papa saludando a los periodistas a bordo hay, por tanto, un trabajo minucioso en el que conviven las exigencias del protocolo, la organización de un vuelo comercial y detalles tan cotidianos como servir un desayuno a tiempo o recordar las galletas preferidas de un pasajero.