Cuando lo real parece creado por inteligencia artificial

Una fotografía del cielo nocturno de Nueva Zelanda ha alcanzado millones de visualizaciones en las redes sociales. La imagen muestra una extraordinaria red de líneas luminosas que se cruzan sobre el monte Taranaki. Es tan sorprendente que numerosos usuarios han llegado a una conclusión: tiene que haber sido creada mediante inteligencia artificial.

Pero no es así. Detrás de la imagen hay un fotógrafo, una cámara y muchas horas de trabajo. El autor es Brendan Larsen, un astrofotógrafo neozelandés de 51 años que lleva varios años fotografiando el cielo de su país. La periodista Eva Corlett cuenta la historia en The Guardian del 5 de noviembre de 2026.

En septiembre, Larsen instaló su cámara cerca del monte Taranaki y la dejó funcionando durante dos horas. Obtuvo 578 fotografías, con exposiciones de ocho segundos e intervalos de dos segundos entre ellas. Después dedicó unas 40 horas a superponer las imágenes mediante Photoshop y eliminar elementos que dificultaban apreciar el recorrido de los satélites.

El resultado es una composición que reúne las trayectorias de aproximadamente 1.400 satélites, representadas mediante unas 14.000 líneas luminosas. No es una fotografía obtenida en una sola exposición, pero tampoco una imagen generada por inteligencia artificial: todas las tomas proceden de la observación del cielo real.

Cuando Larsen publicó su trabajo en octubre, consiguió decenas de millones de visualizaciones. Muchos espectadores quedaron impresionados, pero otros lo acusaron de haber utilizado IA para fabricar la escena. Pero el fotógrafo había tenido la precaución de documentar en vídeo su proceso de trabajo.

La historia ilustra una consecuencia paradójica de la difusión de imágenes artificiales. Hasta hace poco, una de las principales preocupaciones era que una fotografía manipulada pudiera hacernos creer algo que nunca había sucedido. Ahora aparece también el problema contrario: una imagen auténtica puede ser rechazada precisamente porque parece demasiado extraordinaria para ser real.

Las imágenes siempre han podido manipularse, seleccionarse o presentarse fuera de contexto. Pero la inteligencia artificial introduce una dificultad adicional: permite producir escenas visualmente convincentes sin que haya existido una realidad fotografiada.

Esto tiene consecuencias que van más allá de la fotografía artística. Por eso adquiere importancia poder reconstruir el origen de una fotografía: quién la tomó, cuándo y dónde, qué archivos originales existen y qué modificaciones se realizaron posteriormente.

La imagen de Larsen contiene, además, otro mensaje. El fotógrafo quería mostrar cómo la proliferación de satélites y la contaminación lumínica están transformando el cielo nocturno. Sin embargo, parte de la conversación terminó desplazándose hacia una cuestión distinta: si la fotografía era verdadera.