La vuelta al trabajo presencial: un difícil equilibrio para las empresas

En los últimos meses, varias empresas de todo el mundo han pedido a sus empleados que vuelvan al trabajo presencial, a menudo alegando razones de productividad, colaboración y de cultura corporativa. Muchas de estas decisiones se han visto influidas por los resultados de estudios que sugieren que el trabajo presencial puede mejorar la comunicación y la innovación.

Es el caso, por ejemplo, de la empresa Amazon: el pasado mes de septiembre, Andy Jassy, CEO del gigante tecnológico, envió a sus empleados un mensaje donde les decía que tendrían que volver al trabajo presencial los cinco días a la semana: “hemos observado que es más fácil para nuestros compañeros de equipo aprender, modelar, practicar y fortalecer nuestra cultura; colaborar, aportar ideas e inventar es más sencillo y eficaz; enseñar y aprender unos de otros es más fluido; y, los equipos tienden a estar mejor conectados entre sí.”

Otras empresas tecnológicas como Google y Apple han anunciado políticas que exigen una presencia mínima en la oficina, mientras que otras, como bancos y entidades consultoras, han adoptado medidas similares para garantizar una mayor interacción entre los empleados.

La pandemia del virus Covid 19 produjo una explosión de las interacciones online, lo que supuso un gran avance en la mayor parte de los trabajos de oficina, sobre todo por la eficiencia y la velocidad de respuesta, lo que ha provocado reacciones diversas.

Algunas personas se quejan de que el smart working ha hecho que aumente considerablemente el volumen de trabajo y se sienten más estresadas que antes: muchas veces se les exige estar accesibles fuera del horario de trabajo, reciben continuas comunicaciones a través de sus redes sociales personales, incluso el fin de semana, por lo que no consiguen desconectar ni descansar.

Sin embargo, gran parte de la población trabajadora está feliz de trabajar en remoto y ven, desde la pandemia del Coronavirus, una clara mejora en sus condiciones de vida y la posibilidad de conciliar mejor los quehaceres domésticos y el cuidado de los hijos con las exigencias profesionales. 

Se trata de un problema complejo, que seguramente depende de muchos factores: el tipo de trabajo, la necesaria interacción entre los trabajadores y la coordinación del trabajo, los desplazamientos, las responsabilidades familiares y las necesidades de descanso y ocio, etc. Como respuesta, algunas empresas han intentado equilibrar las necesidades de los empleados con las de la organización, ofreciendo modelos híbridos o días específicos en los que se requiere trabajo presencial. La situación sigue evolucionando y muchas organizaciones siguen de cerca las reacciones de los empleados y los resultados de sus políticas.

Foto: Nastuh Abootalebi / Unsplash