Álvaro Serrano

Nos acercamos a la plaza de San Pedro para ver cómo los fieles, peregrinos y romanos, afrontan la pérdida de Francisco. Lo hacen entre lágrimas y esperanza
Desde la Plaza de San Pedro, compartimos el pulso de estos días históricos: entre lágrimas y esperanza, los fieles se preparan para despedir al Papa que cambió el corazón de la Iglesia. La información matinal de la sala de prensa del vaticano, confirmaba que este miércoles a las 9:00 horas será el traslado del féretro del papa Francisco desde la capilla de Santa Marta a la basílica de San Pedro.
El recorrido pasará por la plaza de los protomártires romanos, entrando a la plaza de San Pedro por el arco de las campanas, y pasando con la puerta central de la basílica. A partir de ese momento, todos los fieles podrán acercarse a dar el último adiós y a rezar por el papa Francisco. El sábado a las 10:00 horas será el funeral.
Nos acercamos a la plaza de San Pedro para vivir en primera persona la experiencia y la mezcla de sentimientos y emociones. En medio del silencio y la fe, recogemos el testimonio de quienes, como Antonio, ya sienten que Francisco sigue caminando con nosotros.
Desde que se conoció la noticia de su fallecimiento, han sido miles los fieles que se han acercado a esta plaza, como queriendo estar cerca de quien, guio a la Iglesia como pastor durante doce años. Francisco, el Papa, como el mismo se denominó desde la Loggia de las Bendiciones el día de su elección; el papa venido desde «del fin del mundo» que caminó con su pueblo, que rompió protocolos para tocar almas, nos ha dejado en cuerpo, pero no en espíritu.
En medio del ir y venir de personas, nos encontramos con Antonio Torres, el superior de la comunidad de Trinitarios en Roma, nos ha abierto su corazón compartiendo con Ecclesia cómo está viviendo este momento histórico.
«Sentimos que nos ha dejado nuestro padre, nuestro pastor», nos dice, con los la voz serena. «Lo vivimos con tristeza, sí, pero también con la alegría de la Pascua. Nos ha dejado alguien muy importante para todos los cristianos. Francisco ha sido ese padre que nos ha guiado, nos ha enseñado tanto… y ahora sentimos el vacío de su partida».
El ambiente en la plaza es, como él bien describe, una mezcla de recogimiento y consuelo. «Es una tristeza llena de fe», añade. «Los creyentes creemos en la resurrección, y eso nos permite vivirlo también con alegría. Francisco no nos ha dejado: desde el cielo nos sigue acompañando, con esa misma humildad y sencillez con la que quiso guiarnos aquí en la tierra».
Un pontificado profundamente social
Vamos más allá y le pedimos que nos haga una breve evaluación de su pontificado, aunque es muy difícil condensar 12 años en un párrafo. A Antonio le ha marcado que este ha sido «un pontificado profundamente social». «Desde que eligió el nombre de Francisco en 2013, sabíamos que algo nuevo comenzaba. Su mirada se volvió desde el primer día hacia los más pobres, hacia los descartados. Ha hecho de la Iglesia una casa para todos, ha denunciado un sistema económico que excluye al que no produce o no consume. Y ha alzado la voz por los migrantes, pidiendo no solo recibirlos, sino también protegerlos, integrarlos, hacerlos sentir parte de una familia. Francisco nos ha recordado que el Evangelio no se predica solo con palabras, sino sobre todo con gestos».
Entre las muchas palabras y gestos del Papa, le preguntamos cuál fue el que más le impacto, una anécdota o una frase. Antonio sonríe y responde sin dudar: «Lisboa. JMJ. Ese todos, todos, todos que nos gritó. En ese momento me sentí parte de una Iglesia que acoge, que escucha, que no excluye. Esa frase la llevo grabada en el corazón».
Tras estos sentimientos tan vivos, ahora toca recoger el legado del papa Francisco, seguir haciendo de esta Iglesia, la Iglesia del Señor, una Iglesia de misericordia y esperanza. Francisco seguirá siendo la esperanza en nuestra vida, aunque ya no lo veamos entre nosotros.